Moder la Manzana · Halloween foreword

 
Foreword to a #SpanishHorror anthology, reproduced with the editor’s permission. The book can be bought here. The foreword you can read below (in Spanish).
 
 
El lugar apestaba a flores… es decir, olía a muerte.
Del relato Ánima Sola
 Noviembre es un mes crepuscular, incierto, mágico. Por algo creen los ingleses que es el mes en el que se aparecen más espectros de nuestros difuntos. La última noche de octubre ha servido como una suerte de puente mágico entre el mundo de los muertos y el de los vivos, y son estos los días del año en los que se establece una comunicación incierta, frágil, entre unos y otros. Los difuntos nos visitan, rendimos culto a los santos, tomamos bebedizos mágicos, nos contamos historias de miedo, y jugamos a morder la manzana. En muchos países se celebran banquetes entre las tumbas del cementerio, donde ofrecemos a nuestros ancestros coloridas ofrendas en forma de dulces, platos especialmente preparados para la ocasión, vistosas ofrendas florales, imágenes de calaveras y estampas de santos. La mezcolanza de lo religioso y de lo pagano -los dulces, las flores, la muerte- nutre unas breves horas en las que podemos esperar lo inesperado, abrazar lo imposible.
Nuestras abuelas acicalaban las tumbas de nuestros ancestros, y nosotros decoramos nuestras casas con fantasmas de pantomima, olvidándonos de que los auténticos espectros se pasean por las calles, como bien atestiguan las leyendas comarcales, la sabiduría popular. Las tradiciones más modernas al menos no dan de lado a la comida, a la ofrenda, la luz de las velas sobre la mesa iluminando el camino a aquello que creeríamos irreal, imposible, en cualquier otro mes. Hoy día damos la bienvenida a estos tres días mágicos vaciando una calabaza, cocinando algún plato con sus entrañas anaranjadas, y colocándole una vela después de labrarla con miradas demoníacas y torcidas sonrisas. Aunque ya lo hemos olvidado, rememoramos así al pícaro Jack-O-Lantern, quien se pasea con su linterna construida con un nabo y el cabo de una vela de sebo, condenado a vagar en el espacio limítrofe entre el cielo y el infierno, visitándonos cada doce meses justos. Jack salió de su Irlanda natal para extender su veneración pagana nada menos que por todo el planeta; eso sí, contó con la ayuda inestimable de la audacia comercial del pasado siglo xx, de las películas de terror Hollywoodenses, sustitutas de las representaciones del Tenorio, de las novelas pulp de los años setenta, con sus rituales demoníacos, y del gusto por el disfraz, por la máscara, en la creencia de que su uso ahuyentará a la flaquita y nos permitirá burlarnos de ella, y así de nuestros miedos.
¿Y dónde queda aquí la literatura, se estarán preguntando? Puede que no nos hayamos aficionado al tradicional juego de morder la manzana, al menos todavía; pero sería imposible minimizar el papel que ha tenido otra tradición anglosajona en esta mezcolanza de religión y paganismo: la tradición oral, el contarnos cuentos. Cuanto más escabrosos muchísimo mejor. La literatura de terror es una pieza clave e inescapable en la enorme popularidad cultural de estos días mágicos. Y más que la sempiterna novela es el género corto, el relato, el que se convierte en rey absoluto de estas fechas. Porque todo se inició así, relatándonos historias terroríficas los unos a los otros, esa tradición de oralidad al amor de la lumbre, ya perdida… ¿O no lo está? Precisamente estos días se ve insuflada de nueva energía vital, la recuperamos y volvemos a contarnos, a leernos, a compartir relatos, rumores, leyendas. El relato corto es parte, y una parte muy viva, de la tradición de estos tres días espirituales en que experimentamos una comunión más cercana con los difuntos, este triduum religioso conocido como Allhallowtide (estación de los santos en inglés antiguo). A todos nos gustan los relatos terroríficos, los cuentos clásicos de fantasmas y aparecidos, las leyendas macabras, y también esas modernas fábulas pobladas por los héroes y heroínas de las escabrosas leyendas urbanas. Nos gusta contarlas, escucharlas, leerlas. Compartirlas, al fin y al cabo.
Paraíso 4 lleva cuatro años justos compilando, con motivo de estas fechas, una colección de relatos inéditos de terror para nuestra lectura y disfrute. Cuatro años realizando un ejercicio en el que “compartir” literatura es la idea principal. No debemos olvidar que lo que tienes entre las manos siempre ha sido una antología gratuita, y que ahora puede adquirirse mediante el pago social en la novedosa plataforma Lektu, hechos que me parecen dignos de ser destacados. Puesto que son iniciativas como la que nos ocupa precisamente las que alimentan la parte de literatura y oralidad, tan importantes, que van ligadas de forma íntima a tradiciones como la de la fiesta que conocemos como “Halloween”, estos tres días de magia que se inauguran con los dulces y las pelis de terror del día treinta y uno, y concluye con la misa a todas las almas del día dos, pero que en realidad a muchos de nosotros nos trae más recuerdos de la lectura debajo de la manta, alumbrados con la tenue luz de una linterna, que del olor a cirio y a iglesia.
En cierta manera, con esta labor anual, podríamos decir que sus promotores son en realidad responsables directos de crear una nueva tradición de todos los santos, Halloween convertida en la ocasión perfecta para tomarle el pulso a lo que se cuece ahora mismo en la comunidad de escritores especializados en lo tenebroso. Son propuestas como la que nos ocupa las que nos permiten mezclar la relectura de relatos de terror clásicos de todos los años con el disfrute de una antología inédita y, tras cuatro años de puntual publicación, ahora la esperamos agradecidos. Escritores como Francisco Miguel Espinosa, Javier Ruescas, Ángel Luis Sucasas, Joe Álamo, Sofía Rhei o Miguel Aguerralde, por mencionar unos cuantos nombres, se han sumado en pasados años a la invitación de deleitarnos con sus escalofríos literarios.
¿Y qué es lo que se cuece, en el universo del relato de terror? El botón de esta muestra en particular sugiere una clara respuesta: lo que se cuece ahora no puede ser más interesante o audaz. Este puñado de relatos, seleccionados con mimo, destacan entre muchas cosas por la diversidad en sus propuestas, algo que se agradece, por su clara intención por acercarnos a otras visiones, a otros “halloweens” si cabe. Gracias al sincretismo de la religión con lo pagano, tan propia de este triduum concreto, la presencia de la Santa Muerte se deja sentir entre estas páginas, que también se asoma a las creencias populares, a los ritos paganos, a los rituales maléficos que enturbian los festejos, pintándolos de vivos colores pero también de incertidumbre y miedo. Encontramos la pérdida de la inocencia como hilo conductor, ya sea porque el héroe se descubre así mismo como víctima de un ritual; ya sea porque descubrimos a una inesperada caperucita que, en una deliciosa vuelta de tuerca, consigue amedrentar un tanto a su particular lobo adolescente; ya sea porque marchamos al encuentro de una nueva y desconocida cultura que nos aterroriza. Abunda entre estas páginas la lectura subyacente de que lo tenebroso aguarda agazapado, esperando que bajemos la guardia. El relato como fábula moral, como leyenda de toda la vida, que guarda un aviso para el lector.
Se agradece que entre los relatos ofrecidos se encuentre también presente aquello que la tradición española nos ofrece en estas fechas. Por un lado, recuperando esta idea de transmisión de las leyendas populares que tienen todos los pueblos, un tropo clásico del que aquí se sirven con maestría para confeccionar una tela de araña estructural tejida con buen pulso narrativo. Es imposible no pensar en la leyenda escabrosa becqueriana, cuyo claro homenaje queda patente. Y por otro, agradablísima sorpresa, resucitando al mismísimo Tenorio, ese gran olvidado al lado de la reluciente calabaza labrada. En esta breve muestra el ejercicio literario se empecina en regresar a los temas eternos que nos aterrorizan a todos. Pero aquí el amor no trasciende a la muerte, la vejez es triste, y los espectros viven atrapados para siempre en su propia estación de penumbras, en su puerta gris entre el mundo de los muertos y el de los vivos, donde no hay contacto posible, no puede haberlo nunca en realidad, y si hemos creído lo contrario alguna vez hemos sido engañados.
Este un cruce atípico y atractivo entre los tropos clásicos y las apuestas más modernas se sirve de las máscaras teatrales, las ritualísticas, las literarias, como el disfraz que nos ayuda a envalentonarnos. El ejercicio literario es en cierta medida una máscara también. A estas alturas ya sabemos que la curiosidad mató al gato, y que las venganzas sangrientas no pueden –ni deben- tener un final feliz. Pero estos relatos van más allá. Varios de ellos apuntan maneras bizarras y decididamente gamberras, porque también es una tradición de estas fiestas atreverse a lo que nadie se atrevería. Descalabran el concepto de familia, o abordan una mirada gótica sobre el “otro” extranjero que consigue una fabulación claustrofóbica, casi sicótica, en la que el autor se sirve de los tropos de este modo literario para presentar un mundo demencial, de dantesca violencia y horror “humano”, donde los horrores “reales” sobrecogen más aún que la trama “ritualística” del relato.
También encontraremos “tratos” en estas páginas, agazapados, dispuestos a asestarnos el golpe, el “truco”, en cuanto accedamos a sus siniestras peticiones. Porque son acuerdos con seres venidos del inframundo con los que sería mejor no detenerse ni un segundo. “¿A que no te atreves?”, pregunta uno de los relatos en su título. Estos escritores se han atrevido, y ahora nos toman de la mano para que accedamos a acompañarles a ellos por los caminos menos transitados del terror. Te invito a que participes, a que entres en nuestro juego, a que muerdas la manzana. Cabe todo lo que puedas imaginarte aquí, la leyenda, la fábula, el modo gótico, el humor negro. También el cuento de tono atemporal, mágico casi, el del relato literario que cruza la frontera entre la alta literatura y el género de terror, espejo a su vez de los vivos y los muertos dándose la mano durante este triduum, cruzando las fronteras que separan sus dos mundos. Encontramos, nos deleitamos, con el tropo literario del ritual del que nada se explica, el del cuento clásico de encuentro con el demonio, o el de la historia de amor condenada. Y ese juego fabulador con el sabor de la leyenda antigua, de la literatura de antaño, nos incapacita para negar la evidencia de lo que vemos, de lo que leemos, de lo que aprendemos. Algunos seres despertamos un día con una marca en la frente. Algunos estamos destinados a enfrentarnos con el demonio, que aparecerá en muchas formas distintas, la de un caballero, la de un verdugo, la de una diosa. Algunos sobreviviremos, otros no lo haremos. Volveremos entonces a renacer, a la literatura esta vez, convertidos en los nuevos héroes de las leyendas de los Halloween futuros.
Madrid, Octubre 2014

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